
El auge del níquel: ¿Argentina, en el radar global de los minerales críticos?
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En el contexto de la transición energética y el impulso hacia tecnologías limpias, el níquel pasó a ocupar un lugar estratégico en la economía global. Su rol como componente esencial de las baterías para vehículos eléctricos (VE), sumado a su uso en turbinas eólicas, centrales geotérmicas y producción de hidrógeno, lo convierte en un recurso cada vez más codiciado. En este escenario, Argentina comienza a posicionarse como un actor emergente en el mapa del níquel, pese a no estar entre los líderes mundiales como Indonesia, Rusia, Australia o Filipinas.
Actualmente, provincias como Jujuy, Salta, San Juan y San Luis albergan yacimientos con perspectivas prometedoras. Uno de los proyectos más destacados es el de Mina Purísima, en Cochinoca (Jujuy), que combina reservas de níquel con cobalto y cromo, minerales también críticos para tecnologías de almacenamiento de energía. Otro ejemplo es el yacimiento Las Águilas, en San Luis, con antecedentes de exploración minera y renovado interés de empresas internacionales. Si bien se trata aún de proyectos en fase exploratoria, el interés del capital extranjero va en aumento, impulsado por la necesidad de diversificar las fuentes de níquel ante el crecimiento exponencial de la demanda global.
Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), el consumo mundial de níquel —que superó los 3 millones de toneladas en 2023— podría duplicarse hacia 2050, mientras que hacia 2030 se espera un incremento del 40%, motorizado en gran parte por la electromovilidad. En este marco, Argentina enfrenta una ventana de oportunidad: aprovechar sus recursos para consolidar una nueva vía de exportación que complemente su tradicional enfoque en litio, cobre y oro.

Sin embargo, el desarrollo de la minería de níquel no está exento de desafíos. La extracción de este mineral es intensiva en energía y conlleva riesgos ambientales significativos, como la contaminación de suelos y fuentes hídricas si no se implementan controles adecuados. Además, la producción de níquel de alta pureza —requisito para las baterías de ion-litio— exige tecnologías avanzadas, hoy escasas en el país. La falta de infraestructura en las zonas donde se ubican los yacimientos también constituye una barrera para su desarrollo a escala industrial.
La clave del futuro estará en construir una estrategia minera sostenible, que combine incentivos a la inversión privada, participación estatal en la regulación ambiental y políticas públicas que prioricen la transferencia tecnológica.


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